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MÁS SOBRE CULTURA DE LA EMPRESA. Parte II

Víctor Calvin

En un documento anterior titulado “EL CAMBIO EMPIEZA POR REVISAR LA CULTURA DE LA EMPRESA” decíamos que la cultura, en este contexto, se refiere al estilo y a la manera de pensar y de actuar, de hacer las cosas, de afrontar los problemas y las situaciones de conflicto que diariamente acontecen en las empresas.
En dicho documento hemos enunciado y desarrollado cuatro de esos estilos o comportamientos: 1) Apertura al cambio, 2) Atención al cliente, 3) Orientación al proceso y 4) Liderazgo. Vamos ahora a enunciar y desarrollar otros cuatro no menos importantes por su relación con el factor humano, que debe caracterizar a una organización dinámica e innovadora.
5. Practicar la sencillez al diseñar una organización, un proceso o, simplemente, una actividad. La complejidad se convierte a menudo en nuestro principal enemigo a la hora de comunicar y alcanzar las metas.
6. Confiar y saber delegar en los colaboradores con iniciativas, en vez de controlarlos. Ello fomenta un más rápido desarrollo personal y madurez profesional basados en la experiencia y la autoestima. Cuando lo practicamos, es como si una vez marcado el rumbo y las condiciones de marcha, pusiéramos una especie de piloto automático que nos llevará a puerto contra viento y marea sin necesidad de estar permanentemente encima del acontecer diario. El volcarse excesivamente en el “day by day business”, es uno de los mayores y más frecuentes enemigos de los ejecutivos y directivos de empresa.
7. Cooperación y espíritu de equipo, en lugar de delimitación y exclusión. Es necesario crear continuamente oportunidades para desarrollar actividades conjuntas y para trabajar codo con codo, haciendo que todos se sientan actores y, a la vez, protagonistas de un mismo proyecto de empresa.
8. Honestidad y franqueza entre los miembros del equipo o de la organización, en lugar de una aparente y refinada cortesía. Muchas veces por no alterar el statu quo entre colegas o jerarquías (o simplemente por falta de valentía), no se debaten con la necesaria apertura y, en ocasiones, vehemencia, las distintas perspectivas de una decisión o estrategia, restándole visión y riqueza. El líder o el directivo que no fomente una atmósfera de libre discusión está coartando el progreso y la innovación en su empresa.

 

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